
¿Qué se puede hacer cuando la víctima de un genocidio se convierte en genocida? ¿Cuando un pueblo entero es exterminado poco a poco a manos de otro que también vivió el sufrimiento de serlo? ¿Cuando las conciencias olvidan, cuando los seres humanos dejan de serlo? ¿Qué se debe pensar? ¿Qué se puede sentir?
Incredulidad.
Rabia.
Decepción.
Desengaño.
Dolor.
Occidente en pleno se unió para apoyar a un pueblo que ahora repite lo que ellos mismos sufrieron mientras todos nos quedamos mirando sin hacer nada. Nuestros políticos, los políticos de todo el mundo, permiten que los civiles sean masacrados en pro de un supuesto derecho territorial extinguido hace milenios. Luego, cuando ya sea tarde y demasiadas vidas (irrecuperables, únicas, sagradas) se hayan perdido, llegará otra vez el proceso de Nuremberg, los testimonios, las imágenes espeluznantes, la vergüenza colectiva, el arrepentimiento global.
Hipócritas.
Hipócritas, hipócritas.
Si el horror del Holocausto sólo sirvió para alimentar el morbo, si todo lo que vino después sólo fue una charada políticamentre correcta, si el recuerdo de lo que pasó mientras nadie hacía nada no nos proporciona el impulso de impedir que se repita, ¿qué sentido tiene la historia? ¿Qué sentido tiene considerarnos hijos de dios, de cualquier dios? ¿A qué nos reduce el hecho de que estemos permitiendo que los gobernantes elegidos por nosotros hagan gala de semejante impasibilidad?
Permanecemos imperturbables, pero todos somos culpables.
Todos somos las víctimas, pero si no nos hacemos oír, todos somos, también, los asesinos.
Basta ya.
Ya basta.
Basta de asesinatos. Basta de exterminio. Fin del genocidio.
Feliz año nuevo. ¿Noche de paz? Tal vez otro día.

No hay comentarios:
Publicar un comentario