Este domingo, la celebración era doble: la compra de los últimos detalles que me dejan definitivamente instalada en la casa, y mi bicicleta nueva.
Anécdota sobre lo primero: los lavabos del Ikea. Típicos de aquí: agujero en el suelo. Encantador, qué pintoresco, muy saludable para las caderas, qué asco. Reacción típica occidental: ay, estos chinos, que no saben lo que es un báter, qué atrasados están. Respuesta contundente de los chinos: una célula fotoeléctrica activando la cisterna cuando te incorporas, para que no se quede el sitio sin lavar. Toma prepotencia europea.
Informe sobre lo segundo: mi primera bicicleta. Es roja, y es pequeñita, a escala conmigo; ya pondré fotos. Apenas sé cómo se lleva en línea recta, pero aquí es imprescindible, las distancias son largas. La gente aprende a montar en bici, creo, a la vez que aprende a andar, o eso parece; se mueven en bici con tanta naturalidad como a pie, y eso hace que destaque más mi falta de práctica. Los chinos se ríen de mí cuando hago una ese o cuando tengo que pasar andando para cruzar un paso estrecho; yo me río también. Me veo torpe, como una niña pequeña. Ya aprenderé a hacerlo mejor. Me gusta ir en bici, ganar tiempo, seguir manejando un vehículo ahora que no puedo conducir, no mancharme las botas de nieve y barro, sentir que puedo hacer algo que pensaba que no sería capaz de hacer.
Besos desde un Beijing que hoy es de color blanco.

XDDDDDDDDD como diría mi buen Obélix... Estos chinos están locos jajajajaja
ResponderEliminarToy muy orgullosa de ti y quiero fotitos subida a esa bici pero yaaaaaa
Mañana mismo!!! (en cuanto acabe de leer, jajaja)
ResponderEliminarBesotes!!!