No hace falta deciros cuánto he tardado en salir corriendo a la calle.
Enfundada en mi abrigo más largo, con el pelo empaquetado en un gorro, mascarilla y un pañuelo por el cuello y la boca, al más puro estilo tuareg, he estado dando un pequeño paseo por la urbanización y la calle de al lado. Lo más sorprendente era el sonido, un sonido de viento que llegaba desde muy lejos, mucho más potente de lo que el viento estaba soplando en realidad; lo segundo, fue el olor (sí, confieso que me quité la mascarilla para averiguarlo), un olor dulzón a arena, a tierra y a mi parecer, también a animales, a ganado. Os dejo algunas fotitos para que echéis un vistazo.
Éstas son las formas tan caprichosas que formaba la arena sobre una losa del suelo.
Ésta es la fuente que se ve desde nuestra ventana. Fijaos en el color de la luz, no está trucado. El suelo se ve amarillo por la capa de arena que lo cubre el aire, porque es tan liviana que flota.
Como veis, no os he mentido: hoy Beijing era amarillo.

Tú sigue que entre tormentas de nieve y de arena un día de estos no te encontramos XD
ResponderEliminarGustarte no sé si te gustará pero no puedes negar que es una ciudad con mil caras